Mindfulness

Una de las definiciones más ampliamente utilizadas del término “Mindfulness” es la de Jon Kabat Zinn (Kabat-Zinn, 1990), según la cual Mindfulness implica “prestar atención de una forma particular: intencionalmente, en el momento presente y sin juzgar”. De ella se desprenden dos aspectos a tener en cuenta. Por un lado, Mindfulness implica la regulación de la atención con el fin de mantenerla enfocada en el momento presente y, por otro, una actitud implícita de no-juzgar, de aceptación y de curiosidad.

Entre las múltiples ventajas que aporta el Mindfulness, se distinguen dos aspectos básicos:

1) desarrollar la capacidad de observar y notar la experiencia y, al mismo tiempo, tener la habilidad para describir la experiencia (por ejemplo, poner en palabras o etiquetar lo que se está observando),

2) entrenar la capacidad de no-reaccionar, por ejemplo, dejar ir los pensamientos y las emociones sin tener que reaccionar a ellas y, por lo tanto, tener la capacidad de actuar con consciencia del momento presente para evitar las conductas automáticas, es decir, se fomenta la capacidad de responder adecuadamente en lugar de dejarse llevar por los impulsos.

¿Qué ha de aprenderse?

  • Concentración. Habilidad para desplegar y mantener una atención sostenida de calidad, centrada y enfocada.
  • Conocimiento/consciencia de los pensamientos, emociones/sentimientos, sensaciones corporales.
  • Permanecer en el momento presente. Se abre el abanico de posibilidades frente a conductas repetitivas.
  • Descentramiento. Es un modo de aprender a no identificarse con los propios pensamientos, sentimientos y sensaciones corporales.
  • Aceptación/no-aversión, desapego, consciencia amable, “la aceptación de lo que es”. Nos permiten ver “lo negativo” o “lo positivo” con la perspectiva más amplia y clara.
  • Dejar ir, soltar. Esto constituye una habilidad clave tanto para evitar entrar en ciclos disfuncionales como para salir de éstos.
  • “Ser” más que “Hacer”, no-consecución de metas, ningún estado especial (de relajación, felicidad, paz, etc.) a lograrse.
  • Traer la consciencia a la manifestación de un problema en el cuerpo.

Con entrega y dedicación, lo cual comporta el compromiso de la práctica diaria, se puede aprender a desvincularse de los círculos viciosos que mantienen o perpetúan el malestar. Esto significa abandonar la implicación en estas rutinas, liberándose uno mismo del apego/aversión que rige los patrones de pensamiento, es decir, los intentos continuados por escapar o evitar la infelicidad, o de lograr la felicidad, que mantienen los ciclos negativos en funcionamiento. La meta a conseguir es la libertad, no la felicidad, ni la relajación, ni cualquier otra cosa, aunque éstas pueden perfectamente convertirse en consecuencias bien recibidas.