EMDR

“EMDR es la nueva terapia especialmente útil para la transformación de los recuerdos traumáticos. De forma revolucionaria ayuda a liberar la mente, el cuerpo y abrir el corazón. Es una forma de mirar a la conducta disfuncional, cuando se cree que su origen está en incidentes traumáticos del pasado. Cuando estos son identificados de forma sabia y hábil pueden ser procesados e integrados, lo que resulta en conductas funcionales y apropiadas”. (Parnell, 1997)

 

La sigla EMDR viene del inglés y significa: Reprocesamiento y Desensibilización a través de los Movimientos Oculares.

Como se comenta en la cita inicial, este método es muy eficaz en el tratamiento de los traumas. Todos tenemos, en nuestra vida, episodios dolorosos de diferente intensidad. Pero, si para algunos es sólo una cuestión de tiempo superarlo, para otros el tiempo no es suficiente y se quedan anclados a la experiencia impactante. Esta situación produce cada vez más malestar hasta pudiendo transformarse en un trastorno.

 

En estos casos, el cerebro no logra procesar el evento y éste se queda fijado como un tipo de “nudo neurológico”: se convierte en trauma. Se piensa que algunas de las pesadillas son intentos del cerebro de procesar los recuerdos traumáticos.

En el trabajo terapéutico, pedimos al cliente que recuerde el evento, situación o sensación traumática, y utilizamos los movimientos oculares u otras formas de estimulación bilateral con el propósito de que el cerebro reciba la ayuda necesaria para poder procesar el hecho, asimilarlo y archivarlo.

La estimulación bilateral parece activar el sistema innato de procesamiento de la información, además de estar ligada a los mecanismos inherentes al almacenamiento de la memoria.

Después de las diversas etapas de una sesión de EMDR, los recuerdos perturbadores se modifican (el protocolo implica 8 etapas). La imagen relativa al trauma cambia en el contenido y en la forma en que se presenta; los pensamientos intrusivos normalmente disminuyen mucho o se disuelven y otros pensamientos más pertinentes y adaptativos toman la relevancia; las emociones reducen su intensidad y las sensaciones físicas se atenúan o desaparecen.

Generalmente, se experimenta la sensación de que el recuerdo perturbador ahora ya es parte del pasado y que ya no molesta cuando lo recuerdan. Otros efectos positivos son muy comunes, tales como una mejora en el rendimiento, la actitud, el estado de ánimo y la autoevaluación. Una cliente una vez dijo: “duele, pero ya no hiere”.